25 años de democracia

Texto para el Diario La Capital

Publicación “25 años de democracia”

Para nuestros hijos

“…fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
que golpea las tinieblas”.

(La poesía es un arma cargada de futuro)

Gabriel Celaya – Paco Ibáñez

Si en el oscuro año 1978 nos hubieran dicho que festejaríamos “vivos” los 25 años de democracia, hubiéramos sonreído con tristeza, lo hubiéramos sentido como un cuento de ciencia ficción. Si en el 75 de Isabel y López Rega nos hubieran anticipado que habría “otras” democracias diferentes, hubiéramos dicho que se fijaran en el horror que vivíamos, que no nos mintieran…

Pero fue así, y estamos aquí para festejar 25 años de ininterrumpida e imperfecta democracia, pero democracia al fin: nuestra, de materia prima argentina, idéntica al dolor que atravesamos y proporcional a la esperanza de una participación más intensa y un apasionado sistema de repartos e igualdad.

Las marcas están por todas partes: en cada cuerpecito amado, desaparecido, sin tumba, vivo en los carteles con sus fotos, mojadas de lluvia, viento y lágrimas. Pañuelos que fueron pañales, rigurosamente bordados en punto cruz por una legión de mujeres, rondas redondas de reclamos eternos como la vida. Madres, abuelas, pañuelos, jueves circulares, pies y tacones bajos para esas mujeres que fueron dadas a luz por sus hijos y terminaron realizando la creación simbólica más importante de la cultura argentina contemporánea.

Abuelas recuperando nietos uno por uno, por la prueba de la sangre y los huesos, rehaciendo historias como quién teje bufandas contra el olvido.

Y la historia vuelve a narrarse, hasta el infinito: el testimonio, la ficción, el documental, las marchas, la derogación de las leyes, el juicio a los responsables. La dictadura está en los libros, los árboles de la memoria, el mejor cine, la literatura, la música y sus canciones… las visiones. Está en la investigación del periodismo y en los jueces probos, en los derechos humanos y en los atajos legales que permitieron encontrar aquello que no era “cosa juzgada” y que como siempre estuvo emparentado con los chicos.

Los hijos anduvieron marcando el espacio de los represores y los corazones progresistas de todo el país dijeron mucho tiempo después de la Conadep, Nunca Más, por siempre, Nunca Más.

Tal vez pocos recuerden al fiscal Strassera en los primeros juicios, ni a todos los que con valentía denunciaron desapariciones durante el Mundial 78. Tal vez pocos se acuerden de las embajadas, los sacerdotes, jueces y personas de todas las edades y sectores sociales que ayudaron a cuidar la vida en medio del terror y arrancar a la gente de las cárceles llevandolas lejos, mientras buscaban a los ausentes sin desmayo.

La democracia es también un largo viaje, un lugar donde los exilios se revierten, un trabajo cotidiano para restaurar las instituciones, la dignidad de las personas, no olvidar y llevar adelante una justicia minuciosa para que nada sea impune y nos sanemos del miedo y de la pérdida. Una ruta donde Cabezas, Kosteki, Santillán, Sandra Cabrera, Fuentealba, Pocho Lepratti, nos recuerdan con su vida que es muy complejo desmontar los mecanismos de la violencia. Cada vida perdida, cada silencio ante lo injusto, cada cadena de pobreza y exclusión, es un achicamiento evidente de nuestra joven democracia.

Todos sabemos que debemos curarnos también de la fiesta neoliberal de los 90, de la banalidad y la privatización, el desánimo y la corrupción.

Esta democracia es múltiple, respetuosa de lo diverso, armada como el país de nuestra historia, con contrastes y mezcla, hijos del cruce y de palabras habladas en muchos idiomas, herederos de una música con la añoranza de la inmigración y la otra añoranza de los que abandonaron el pago.

¿Cómo se celebra este fulgurante cumpleaños?…

Hagamos una lista:

Primero la memoria y la justicia, la verdad como forma de construcción, luego una nueva cultura política sin clientes, con ciudadanos, una participación intensa por sobre representaciones frágiles, con el triunfo irrestricto de los derechos humanos, no sólo ya los del terrorismo de Estado, también la educación, cultura, salud, agua y comunicación, juego y creación, trabajo y realización como derrotero de todos.

Una democracia sin dicotomías, donde el espacio público (“que para algunos es lo único”) sea un lugar para “aparecer” y no “parecer”, una casa nuestra construida de gestos, palabras, acciones, parques, cuerpos en flor, belleza, afecto, debate e ideas, saberes y placeres, comunicación y esperanza, respeto a lo que “somos” y ejercicio de la temida palabra “nosotros”. Rosario sabe mucho de crecer en libertad, de río para todos y un modelo de ciudadanía que está mirando todo el país.

Desde el Ministerio que ocupo pensamos así la democracia, con la complicidad de los que tenemos responsabilidad de gobierno. Una cultura con la proximidad de lo cotidiano, porque sin cercanía no hay afecto y con la distancia de la imaginación, porque sin esa distancia no habrá cambio.

Párrafo aparte para los chicos de 0 a 25 años que son los hijos de la democracia.

Hicimos todos juntos este sistema perfectible, lo sostuvimos durante un cuarto de siglo, y ahora es la creación colectiva de los argentinos y el patrimonio cultural de nuestros hijos.

Por eso soplo las 25 velitas de fuego y deseos, para nosotros, para “todos los ciudadanos del mundo, que quieran habitar el suelo argentino”, y en especial para que los niños, adolescentes y jóvenes, que lucen cifras de vida entre 0 y 25 años tengan una “nueva oportunidad sobre la tierra”.

Chiqui González

Ministra de Innovación y Cultura

Gobierno de Santa Fe