Cuestionario Museos

Cuestionario Museos

  • ¿Cuáles son los beneficios de conectar a los niños con el arte?

Los niños están muy cerca del arte como acontecimiento estético. No han aprendido todavía la división forma – contenido, pueden enamorarse de las palabras por el modo en que suenan y de las cosas por su forma y color.

El arte, por lo tanto, en todas sus formas, estimula su capacidad de imaginar, inventar, jugar y aprender. Es un modo de acompañar a la infancia en su abrazo a la vida. Muchos artistas investigan como crean y construyen los chicos: por medio de la sensorialidad, la percepción recién nacida, el asombro, la transformación de la materia en belleza, la cercanía con lo poético, lo mágico, lo extracotidiano…

Además el arte mismo es un juego de selección y combinación, de composición y desplazamiento de lo humano en las cosas, los sonidos, los signos, los símbolos, etc. Es el modo que tiene el cuerpo para expresar lo sensible, no como lo ve o lo vive, sino como lo presiente y atraviesa. Por lo tanto el niño también está viviendo en un tiempo donde el jugar le enseña el movimiento mismo de la vida. Es su mejor ensayo para habitar el mundo.

  • ¿Por qué es tan importante que los chicos visiten los museos?

Los museos son lugares extraordinarios para los chicos. No sólo contienen patrimonio, arte, historia de la vida cotidiana, etc, sino que también se constituyen en verdaderos ámbitos de libertad y ciudadanía (si así se los concibe y organiza).

Los espacios de las exposiciones ofrecen secuencia de cosas, puntos de duda, incidentes y obras que llaman a la curiosidad, enseñan observando, facilitan el juego y la experimentación y sobretodo son una usina para crear imágenes que los niños llevarán toda su vida como patrimonio íntimo y personal.

El museo nos coloca además ante edificios imponentes y extraños, recorridos que son sentidos por el niño como laberínticos, y sobretodo pone a los chicos en movimiento percibiendo otras dimensiones del tiempo, el espacio, la luz, diversas formas de representación y simbolización, que bien “narradas” desde el montaje aceleran el deseo de expresar y construir que la infancia siempre tiene a su disposición para ser realizados en cualquier momento.

Los museos también cuentan con zonas de descanso, librerías, aportan piezas gráficas y mapas, convirtiendo la visita en un verdadero viaje investigativo de la multiplicidad: de lenguaje, medios y formatos, de la multiculturalidad de la ciudadanía, de las distintas formas de transitar, proyectar y aprender juntos.

  • ¿Cómo debe realizarse a su criterio una visita con niños a un museo de artes plásticas?

Además de lo que ya adelantáramos en las respuestas anteriores, es muy importante recordar que la visita misma es un hecho maravilloso de encuentro con el mundo de la cultura. Debemos liberar a los pequeños de ataduras didácticas como las siguientes: mirar todo para después; recorrer para realizar un trabajo cuyas consignas fueron previamente establecidas en la escuela; buscar en el museo sólo lo que una guía didáctica indica como importante, etc. Hay que tener confianza en la fiesta de los sentidos, el poder de la mirada, y la acción – juego que dejan huellas en los niños y promueven verdaderos aprendizajes significativos.

La visita, por lo tanto, puede y debe programarse con distintos formatos. Los museos suelen tener buenos programas para la infancia. Hay visitas, por ejemplo, donde se aconseja ver obras claves, hay recorridos con espacios para el juego y la construcción, hay visitas que estimulan la libertad y permiten a los niños diseñar su propio deambular, que es también una hermosa forma de apropiación. Como el viajero que atraviesa una tierra sin destino, el niño puede ser el caminante del museo.

Aconsejamos que la visita con guías dedicadas a trasladar grupos infantiles, acepten la multiplicidad de intereses, no abusen de la retórica y recurran al juego, al acertijo, al humor y las preguntas para poder compartir el mundo con los niños. No todo debe entenderse en el arte. Esta es una visión equivocada, hay otras formas de comprender que vienen con el tiempo en la memoria de las imágenes.

Tampoco recomendamos una división de la visita en dos momentos: el del recorrido por el mundo de las obras y en un segundo momento el “retrabajo en talleres”, donde los chicos plasman sus experiencias sobre lo vivido en un hacer creativo. Pensamos que el hacer y la construcción en los chicos puede presentarse en diversas instancias y como una forma de creación y jamás de traducción de la obra del artista al mundo infantil. Los chicos tienen su propio mundo, no necesitan recrear al pintor, necesitan trabajar con consignas propias y más abiertas, tal vez retomando algo del modo de construir y del tratamiento estético de la obra de arte y jamás su tema.

Cada día sentimos con más intensidad que en la visita al museo se debe recordar: a) que los chicos son ciudadanos y que esos lugares son espacios de ciudadanía, socialización y participación; b) que la visita debe seguir el viaje errante y no el modelo del guía turístico, debe parecerse más a pasear mirando vidrieras o a los juegos en las antiguas kermesses populares donde uno podía elegir el lugar donde permanecer; c) que el cuerpo en movimiento es esencial en dichas visitas por lo cual no debe imponerse al museo el carácter de sagrado o inaccesible; d) que construir belleza, dialogar, opinar y reconocer obras artísticas, debe presentarse como hecho sorpresivo con una mayor posibilidad de asombro; e) que el exceso de información reduce la contemplación y la capacidad de habitar mundos y hechos estéticos; f) en el museo la forma, el color, la textura, la distancia y proximidad, los sonidos, son muy importantes para que se produzca un encuentro único e irrepetible. El museo se parece más al teatro de objetos donde el protagonista es el niño, que a una secuencia de imágenes colocadas en una férrea narrativa. Entre ambas opciones hay deliciosas posibilidades intermedias.

  • ¿Qué estímulos encuentra el niño en el museo?

Las exposiciones son lugares extracotidianos, diferentes, que en el caso de los modernos y contemporáneos, suelen parecerse a las propias obras de los niños. Por eso los chicos se sorprenden tanto. ¿Quién no encuentra en Miró, Kandinsky, Mondrian, Berni, De La Vega, Xul Solar, Nigro, Torres García, Ferrari o Roman Vitali, Maccio o Gambartes, algo de sus imágenes primeras?.

Son estímulos el color, las formas, las textura, las instalaciones y objetos, la arquitectura de los propios ámbitos, patios y ventanales, piso que son obras de arte, elementos táctiles, obras para mirar desde abajo y desde arriba, etc.

  • ¿Por qué se cree que es una práctica poco frecuente en la Argentina?

En nuestro país cada día se incorporan especialistas y pedagogos que están dándole dimensión educativa, lúdica y experimental al museo abierto a los niños. Se encuentra en amplio debate el sentido de los espacios, programas y performances que son dedicadas a los menores. Si logramos encontrar formas vibrantes de recorrer los museos con los chicos, ampliaremos las dimensiones de las propuestas para todo el público visitante, cualquiera sea su edad.

Esta concepción preocupa hoy a los gestores populares. Tiene resistencias que provienen de entender el museo como patrimonio sagrado y una manera de diseñar las exposiciones basadas en cronologías y ejes temáticos sin asumir narrativas complejas y divergentes, así como una forma de guía y/o acompañamiento, en algunos casos excesivamente retórica, que aleja al visitante y no lo invita a volver a estos mágicos lugares.

  • ¿Por qué es tan importante que el niño vaya acompañado por sus amiguitos del colegio?

Vamos a decir algo simple pero olvidado: es entre sus pares, con otros chicos y chicas de la escuela, el barrio, el edificio horizontal, amigos y compañeros donde se produce la verdadera aventura de crecer. Existe una complejidad de aprendizajes múltiples entre niños y ese “entre” debe ser cuidado y defendido en una sociedad individualista e insegura, porque crecer con los desiguales pares es la mejor apuesta para ser un inventor una persona solidaria y responsable.

  • ¿Qué le recomienda a las maestras que acompañan a los chicos?

Que no piensen en el “antes” y el “después”, que compartan la magia con los chicos, que se acerquen con su propia experiencia de vida al hecho estético, que se dejen llevar por la emoción y las percepciones, que den libertad a sus alumnos y se den libertad al mismo tiempo, que incorporen a sus vidas el derecho a jugar y a la belleza y recuerden que esas visitas crean vínculos entre chicos y adultos y pasarán a ser inolvidables para todos.

En el museo el tiempo, el espacio, la luz, los objetos, nos invitan a participar desde “otros lugares” de nuestra cotidianeidad. La poesía existe. El arte nos hace fuertes, críticos y creativos, es la alternativa de lo humano al puro consumo, a la inseguridad y a la crisis.

El arte, aún el fugaz, es duradero en nuestras vidas.

Chiqui González

Rosario, mayo del 2009