LA AVENTURA DE APRENDER

Educación en los museos

Los espacios son como la gente:

nacen, crecen, se transforman,

a veces tienen aventuras.

Pablo Neruda

LOS MUSEOS: VISIONES Y MEMORIAS

Como una caja de sorpresas se abren a nuestros recorridos… como un espacio múltiple dan la bienvenida a una ciudadanía investigadora y asombrada.

Como lugares creadores de narrativas y puestas de sentido, capturan nuestra sensibilidad, nuestro deambular, nuestras preguntas, para introducirnos en mundos “extra-ordinarios”, diferentes al cotidiano, cargados de historia, memoria, arte, ciencia e identidad.

Los Museos son ante todo paisajes de ciudadanía, ámbitos sin adentro y afuera (porque sus paredes y puertas suelen mentir) lugares para recorrer, moverse en otras dimensiones, descansar, aprender, dialogar, crear e imaginar…donde la materia cambia y el tiempo y el espacio transcurren de otro modo.

Museos de ciencias, de arte, históricos, etnográficos, etc., son nuestro equipaje, la memoria de la creación, la marca y huella de lo que hemos sido, convirtiéndose en trayecto y porvenir.

  Los Museos se convierten en centros culturales, se llenan de artistas, funciones, charlas y congresos. Se estudian a sí mismos y al modo de crecer para conservar, archivar, exponer, provocar, seleccionar y exhibir. Mutan, van transformándose en cada exposición y cita. Se vuelven teatros extraños, donde paredes, pisos, techos y el aire mismo son lugares de la mirada. Son escenarios escritos con objetos, palabras, imágenes quietas o en movimiento, que en secuencia, o congregadas en salas o postas cuentan de manera diferentes muchos secretos.

El visitante elige, deambula, repite recorridos, saltea, omite, se enamora de una puesta en el espacio. Hay una cierta poesía en ese deambular, metáfora constante del hombre en el tiempo, símbolo de búsqueda y recorrido.

Cada exposición es una variante de ritmos puestos en el espacio: cercanía  y lejanía, figura y fondo, luz y penumbra, altura y mirada; puesta en escena del tiempo convertido en obra, materia sacada de contexto.

Por lo dicho, los Museos van en busca de la gente, se sacan el peso de lo sagrado para entender su profunda función y sentido social, saben de normas y servicios y reconocen cada día que deben llamar al viajero cotidiano, hacerse hospitalarios y amigables, llenarse de niños que inventan y descubren, actualizar sus propuestas y crear dispositivos de acompañamiento y visualización que sobre todo dejen elegir al visitante,  sustituyan la retórica del guía por las preguntas y las búsquedas.

Los Museos crecen y cambian con nosotros, son espejos, senderos, horizontes… Es tarea de la gestión pública en cultura preservar el patrimonio e incentivar la investigación y el arte. Lo público es territorio, recuerdos de la sociedad que vive en el conjunto, perspectiva, escuela de democracia, servicio y norma legal. Ofrecer a la comunidad museos atractivos, y difundir e integrar la experiencia museológica en el territorio, es una provocación cotidiana y una tarea relevante.

En la era de la velocidad y el vacío del sentido, se imponen como usinas de significación, fábricas de interpretaciones. En la era de la rapidez y el simulacro, los Museos, te esperan para que te detengas a sentir la experiencia apasionada del arte y la vida. En la era del olvido, la exclusión y la miniaturización de lo humano, los Museos incluyen, recargan una cambiante identidad, nos hacen sentir la importancia de lo colectivo. Siempre, desde la silla del inmigrante, a un cuadro de Guayasamin, desde la fotografía intervenida, hasta la cerámica ancestral, desde la instalación a la tierra, los animales, los huesos y las estrellas, los espacios museológicos siempre están provocando la riqueza y variedad de la invención humana y la epopeya luminosa de su historia.

Los Museos son, en definitiva, la memoria de lo que vendrá.

Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar,
otra, en hacer penitencia
con caña o red, y esperar
al pez, como pescador.
Dime tu: ¿Cuál es mejor?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos, fugitivos que
no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?

Antonio Machado