La niñez como acto político

Una Política Pública es un impulso colectivo y transformador con perspectiva estratégica, una energía regulada y sistematizada que hace frente a una necesidad, interpreta un imaginario social, construye sentido en la fragmentación, moviliza la acción en la abulia y teje su red infinita de futuro en el presente del territorio. Tiene algo de solemne cuando relaciona y re-liga un pulverizado sentido de conjunto, convirtiéndose en misteriosa construcción como “artefacto” de cambio.

 

Si la política es el “arte de vivir juntos los unos con los otros”, o por lo menos, la capacidad de convocar lo colectivo, estamos parados exactamente en el punto en que el convivir es la estrategia mayor, en la era del vacío de sentido, la crisis extenuante de la representación política, el individualismo y la exclusión.

Poner en escena a la sociedad civil, es en realidad, la única manera de practicar el “arte de vivir juntos”. Y, para decirlo como se merece la metáfora teatral, se trata de cuerpos de todas las edades que, en un tiempo y un espacio, con cierta cantidad de energía, intentan construir un relato, una ficción, protagonizar (es decir ser “alguien”, a cambio de “nadie”) su historia… la historia del “nosotros”.

Se advierte de inmediato que están en juego el concepto de pertenencia, identidad y trascendencia. Cuando la gente actúa sus acciones, se suele llamar participación, consenso, se pone en evidencia la multiplicidad y complejidad de la trama social, la belleza de la diferencia.

Las constituciones modernas jamás desligan a los derechos, de las obligaciones y sobre todo de las libertades. Hablar de derechos, nos hace olvidar a veces la categoría misma de la libertad. Los gobiernos pueden, por momentos, desconocer que una sociedad de ciudadanos, no aspira sólo a un ejercicio pleno de los mismos, sino que pide mucho más: una ética de la felicidad “para vivir juntos los unos con los otros”.

Y aquí aparecen los niños y las niñas como síntesis e “indicadores ambientales”, como pregunta abierta y desafío. Porque todo lo dicho nos llevaría a pensar que las Políticas de Infancia son la metáfora del Proyecto de una sociedad y su Gobierno, son el relato y las líneas de giro transformador que habilitan la imaginación, la creatividad, el futuro y el anhelo de igualdad.

Dicho en forma muy concreta: lo que pensemos para los chicos, habla de quiénes somos y de lo que pretendemos ser como sociedad.

A esta altura de nuestro relato hay que detenerse para dejar expresada una dificultad que tiene la Política al integrar niños. Se trata del “modo de ser y de estar en el mundo” que tiene la infancia, poniendo en crisis varios aspectos de la Gestión Pública, tanto en sus metodologías como en su forma de acción, dado que el juego, la imaginación, las preguntas, la investigación y exploración de lo real, no han sido frecuentemente consideradas como importantes por la Política como problemáticas para su propia construcción.

Sin embargo nada más imaginativo que el arte de vivir juntos o creativo la manera de integrar y si es hora de jugar en serio (o jugarse como compromiso) es hora también de reconocerle al juego su capacidad transformadora. Es más su condición de ser en sí mismo el dispositivo transformador. Esto implica no reducir al juego a la interacción dificultosa de los poderes del estado, o a las estrategias de negociación donde anida la corrupción.

A modo de conclusión diremos que este Congreso tiene la intención de congregar a los verdaderos protagonistas de las Políticas Públicas de Infancia, darles la palabra y abrir espacios de participación al modo en que los niños crean, crecen e imaginan: con el poder transformador del juego y con el poder luminoso de su mirada.

Es de suma importancia y se hace evidente en el tema de la convocatoria, que deseamos explorar las relaciones entre los derechos de los niños y los momentos felices para la constitución de los mismos como personas y ciudadanos, y para analizar el modo en el que el Estado debe garantizarlos. La felicidad es una perspectiva en la lucha por la expansión del campo de esos derechos.

Por lo dicho, este Congreso es un multitudinario acto político, sin usos ni manipulaciones, sin dogmas, ni fanatismos. Busca dar a la infancia un lugar preponderante en nuestro Proyecto como Nación, generar un ámbito abierto que alcance a la familia, a las escuelas, a las instituciones, a los gobiernos y a los mensajes que difunden los medios de comunicación.

Contribuir a poner a los niños en el lugar que merecen es una tarea prioritaria de los adultos enamorados del futuro.

Escrito en el marco de El Congreso de los Chicos. Hablemos de la felicidad

Octubre 2013