Qué es ser un niño o una niña?

 

Ponencia de María de los Ángeles (Chiqui) González, en el III Encuentro Internacional de Educación Infantil de OMEP

 

Niño se nace [i]

 

Qué es ser un niño o una niña?

El título Niño se nace es una frase que Francesco Tonucci eligió para nombrar uno de sus libros. Podríamos considerarlo “entre comillas”, porque puede parecer una obviedad, ya que se nace niño; Sin embargo no lo es. Entonces la primera cuestión es preguntarnos si uno nace niño o si lo dejamos nacer niño o si hay en este mundo lugar para los niños, que son nada menos que los nuevos…

Dice Somerset Maugham … porque cada uno es lo que es y es el departamento de ciudad o la granja donde aprendió a caminar y los dioses en los que creyó, los juegos que jugó, las comidas que comió, los seres que amó, los poemas que leyó, los recorridos en su propia ciudad y estas son cosas que nos han hecho lo que somos y no se pueden contar de oídas…”.

Dice Oliverio Girondo,… la costumbre nos teje diariamente una telaraña en las pupilas, poco a poco nos aprisionan la sintaxis, el diccionario, y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles. Cuando una tía nos lleva de visita saludamos a todo el mundo, pero tenemos vergüenza de estrecharle la mano al señor gato y más tarde al sentir deseos de viajar tomamos boleto en una agencia de vapores en vez de metamorfosear la silla y convertirla en transatlántico …”

Girondo piensa como un niño. Lo hace en la Argentina de los años 30′. Fue un autor absurdo que podía escribir fragmentos dislocados, propios de otra construcción de pensamiento, a la manera de la primera infancia.

Siguiendo el camino de lo absurdo voy a jugar con las palabras. Son juegos arbitrarios, combinaciones sin correlatos. En este caso voy a jugar con la C de chico, ciudad, ciudadanía. Y también la C de cuerpo, caminar, calle. Es cielo, club, centro cultural, colegio. Verbos con C comer, es hacer el amor con la palabra coger, porque sino es un eufemismo, es correr, compartir, cohabitar, convivir. Las C son maravillosas, a diferencia de otras letras que se quedan con todo el poder. Esto no quiere decir que intente hacer una gramática, es sólo una selección lúdica. Yo creo en los misterios. Todo lo que está cerca es con C, como cerca, que también es con C y camino, caminito, cuando, cómo, canción, clima, consuelo, casa, cariño, corazón… y así seguimos jugamos como chicos y definiendo la relación del niño y la ciudad.

¿Qué es un chico?. ¿Es una etapa de la existencia?.¿Un proyecto de persona mayor?. ¿Un proyecto de vida?. Valga recordar que a los chicos les preguntan “¿qué vas a ser cuando seas grande?” y a los adolescentes “¿qué pensas hacer de tu vida?”.

Para otros, como Chales Chaplin, un chico es un montón de lógicas distintas que se enfrentan a la conciencia despedazada del capitalismo. Un chico, dice Chaplin, es un conjunto de construcciones del pensamiento, opuestas al silogismo de la lógica formal. Si a un niño se le dice: “todas las vacas blancas dan leche”, y luego se le pregunta: ¿y las marrones, qué dan?, va a decir: “café con leche”. Y está muy bien, plantea él, porque justamente esa es la lógica de la otra lógica.

Yo propongo en tercer lugar, desde el punto de vista filosófico, que ser niño, nacer niño y permanecer siendo niño después de nacer, es una forma de habitar el mundo. La forma de estar en el mundo distinta a la de otras edades y fundante para siempre.

Dice Paul Nizan, en el comienzo de Adén-Arabia… “en el fondo de todo despertar están todas las miserias, alienaciones y crueldades de la época. Yo tuve una vez 20 años, no permitiré que digan que es la edad más feliz de mi vida…”.

En el fondo de toda novedad (y los niños son lo nuevo) la infancia trae todas las contradicciones de su época. El niño es una forma de estar en el mundo atravesado, desde su concepción, desde que lo imaginaron, por los lenguajes, formas de pensamiento, culturas regionales, segregaciones y violencia.    

Un niño menor de 2 años, 2 años y medio, tiene el espacio, el tiempo, la materialidad y los objetos como una cosa fuera de él. Por eso es tan aterrorizadora la infancia. Pensemos por un minuto qué sentimos “…cuando el tiempo es otro de uno”.

No se trata de pensar que el tiempo pasa de otra forma. El tiempo es otro.“debajo de los puentes de París”; dice Cortázar, “o los subterráneos de Buenos Aires”. ¿Qué sucede cuando uno siente que el tiempo y uno se separan? ¿Qué ocurre cuando uno percibe que el espacio no está integrado a uno? Piensen también en las situaciones extremas de cárcel o de pobreza, cuando la persona no está adaptada. Es como un actor extrañado de su propio contexto. La ajenidad.

Pasé una infancia en un colegio de monjas donde yo doy fe que vomitaba todos los día porque se me hacia insoportable… Yo digo siempre: “no vine a los juegos porque sí, vine a vengarme rigurosamente de mi infancia”. Una venganza poética, sin odio, cargada de imágenes. Quiero decir que yo pasé el jardín de 4 y el de 5, mirando un ombú que había en el medio del patio, a toda hora, para comprobar si venía alguien a buscarme, porque mi alrededor, desde la silla a las paredes me parecía un mundo terrible, horroroso, que me rechazaba, al que no pertenecía. Era la protagonista de otro cuento, a la que por confusión, enviaron a un mundo del que no era parte.

El niño tiene el tiempo, el espacio, los objetos, la materialidad, como un otro, por lo menos como una cosa real a experimentar, una cosa con la que él está trabajando.

 

Los chicos y la ciudad:

No hay nada mejor que la ciudad para saber de horas, lugares, cosas, olores, sabores, cuerpos…En la urbe, el niño no tiene una idea, tiene un pasaje ritual alucinante entre lo real, lo imaginario y lo simbólico.

Siempre hay un peligro que es terminar con la infancia de un niño, antes de tiempo. Cuando un niño pierde su propia niñez, por el dolor o por la responsabilidad de criar a sus propios padres, o porque sale a trabajar o por la proximidad de la muerte o la violencia, ya no es niño, tampoco creció para ser un adulto, es un niño con poca infancia y esto que digo sucede en todos los sectores sociales.

Un niño es el que pasa y dice a las seis de la tarde de un día de viento, al lado de la ventana de la pieza donde duermo cuando voy a ver a mi nieta Catalina: “abuela, (habla mal), “abuela rama” y me muestra una rama que por el viento choca contra la ventana. Y yo le digo “sí, es la rama, viste, se mueve despacito, se mueve…” y ella: “rama”. A las dos de la mañana, viene y me dice “abuela”. (Llovía). “Abuela, rama, nena, miedo”: o sea “la nena tiene miedo a la rama” o “la rama le tiene miedo a la nena”, o el miedo de la nena está en la rama. Y a las cinco de la mañana, abre la puerta, de esa casa antigua, me muestra la ventana, parada en pañales, me señala la rama y dice “abuela, El miedo”. Quiere decir que esa niña pasó en cuatro horas de “la rama”, “le tengo miedo a la rama”, “yo estoy desplazando al miedo a la rama” a que “la rama es el miedo mismo”. Esa es la transformación de lo real a lo imaginario o a lo sensorial emotivo y a lo simbólico, a la sustitución pura, a la metáfora sin conocer el doble sentido, que adquieren los niños recién a los 10 años.

Nosotros hablamos alegremente con metáforas: “me vomitó la verdad” y el niño cree que te han tirado toda la comida encima. “Te voy a matar” y el niño cree que alguno va a perder la vida.

Ese tránsito hasta alcanzar lo simbólico, es tremendamente rico en el territorio de las ciudades. Es imposible dejarlo en el misterio de una casa cerrada o de un departamento de ciudad, porque ese ritual de pasaje a mundo diferentes se aprende en la ciudades , y es lo que nos resuelve después la capacidad de sustituir y no matarnos. La metáfora es un “entre”, la cultura es un “entre nosotros”, de lo contrario, en el momento del amor moriríamos ahí mismo, porque diríamos “este es el mejor momento de mi vida”. Como me contó un alumno en Chile,… “era feliz, pero un día estaba con mi novia en la playa y me adentré nadando en el mar y sentí que era el momento perfecto. Me dije ¿y si sigo? ¿y si aquí me quedo?, tenia 21 años y pensé: voy a volver por ella, porque no se lo merece, voy a volver por el cine”. Y yo me dije, mientras me lo contaba, volvió por la cultura.

Esa cultura es la del afecto, las sustituciones, las metáforas, las construcciones de sentido. Es lo que hay entre nosotros, para que no nos matemos en el amor o nos matemos haciendo del otro, nuestro objeto, hasta destrozarlo, o nos matemos literalmente matándonos, es decir, sacándole el doble sentido.

Por último recordemos que un niño no conoce ni da por supuesta la definición racional positivista contra la que tanto hablamos, no conoce la diferencia cuerpo-mente. Uno le dice a un chico ¿con qué aprendes? (Congresito de la Educación de Rosario 2005, 5000 chicos), te miran aburridos y dicen “con todo” y seguís preguntando ¿qué es conocer?. Contestan: “Pasar un puente”. Y ¿qué es pasar un puente?   “razonar” y ¿qué es razonar? “encontrarle la razón a cada cosa” (5 años). ¿Con qué aprendes? “Con el cuerpo y con la mente”. Y me miran como diciendo: verdaderamente es lo mismo. Los chicos no entienden la escisión occidental cuerpo-mente, no comprenden la división teoría y práctica, hacen y en acciones construyen proyectos y saberes, no reconocen la ruptura objeto y sujeto. Y mejor que no lo entiendan, porque si hubiéramos inventado una sociedad que superara esas escisiones, estaríamos haciendo que la escuela y la ciudad fueran un gran sistema educativo, un sistema donde las calles, los árboles, los museos, estuviesen vivos. Una trama interminable de saberes en múltiples dimensiones.

Los chicos, en sus recorridos, aprehenden la ciudad por el fragmento, sin síntesis, con la desmesura de un elemento sobre otro. La dramaturga Griselda Gambaro llevó a su sobrina al teatro, a ver una obra de una princesas y un príncipes. Tenía 3 años y Griselda le preguntó durante la representación: “¿te gusta la princesa?” También había unos auxiliares… unos muchachos con unos camperones amarillo rabioso para cambiar la escenografía, eran más importantes que el príncipe y la princesa. Ellos ponían y sacaban las sillas. Insiste Griselda ¿te gusta la princesa? “No, me gusta más el de amarillo”. Al terminar el espectáculo, la tía vuelve a interrogar: ¿te gustó la obra, el príncipe, la princesa? “No, porque el de amarillo, dice la nena, nunca más volvió”.

Ese es el pensamiento de la primera infancia: la parte por el todo, la jerarquización del detalle, bien diferente al pensamiento deductivo. Lo que expongo, les sucede a los chicos al transitar imaginar, atravesar, explorar el tiempo, los ámbitos, recorrer, apropiarse, saber qué es su cuerpo, estar dentro de sí mismos y no afuera.

El niño va por la calle y va soñando con el pajarito que vio antes mientras ve la hoja caer y su madre le grita ¡apuráte! y lo arrastra y está en cinco mundos a la vez. Como Peter Pan, Alicia, la de las maravillas, o los Beattles del submarino amarillo, los niños recorren en la ciudad mundo dentro de mundos. Todavía son persona única, nadie les enseñó a dividir la realidad en dicotomías, en disciplinas, en campos separados, por lo cual como seres total habitan el mundo nuevo. Son nuevo y habitan un nuevo mundo, se incluyen, trata de entrar en él, si es que los dejan, tratan de incorporarse a la ciudad o el poblado donde nació.

¿Qué es una ciudad? Una ciudad es un lugar para vivir. Para mí, la infancia es la patria, y la ciudad, la casa, los lugares, los ámbitos, y los tiempos donde se desplaza un niño son la única patria, por eso, nosotros le llamamos el Tríptico, tres espacio que hemos diseñado en la ciudad de Rosario: La patria de la infancia.

Espacio público y ciudad:

El espacio público es lugar para reconocer y reconocerse. “Lugares para aparecer ante los otros, no para parecer” como diría Hannah Arendt. Ámbitos donde uno puede revelarse exponerse antes los ojos de los otros y rebelarse, decir que no, manifestarse contra lo injusto.

¿Qué es el espacio público para los nuevos?, un lugar con equidad, accesibilidad para todos como diría Louis Kahn, gran arquitecto estadounidense,…“me encantan los comienzos, me encantan los niños porque me encantan los comienzos”. El espacio publico se renueva y prepara para los niños que van a habitarlo. Es el gran desafío de los gobiernos, la gran estrategia en la lucha por la igualdad.

Entonces la ciudadanía es un paisaje, una ecología social. No antagonizamos la defensa de la naturaleza con la cultura, venimos sosteniendo todas las formas de vida del planeta. Trabajamos por la oportunidad de una vida digna para la especie humana , donde la memoria también es ecología social y medio ambiente. La memoria de este país, la memoria de los cuerpos sin entierro, la memoria de las madres y las abuelas también es sobre todo memoria de los niños. En el paisaje ciudadano los niños tienen derecho a moverse por su propia ciudad, a recuperar el pasado, la memoria y el porvenir

La niñez con derechos es un viaje, es un viaje de vivir. Es el viaje de crecer como Jason y los Argonautas,un viaje de exploración y de ideas. Es también, el viaje de volver a Ítaca con Ulises para saber quienes somos, un viaje para crecer en identidad. Además somos el viaje de Eneas para fundar una nueva tierra, fundar una institución, la OMEP o una escuela, o un Consejo de Niños que transforman la ciudad. Un proyecto estratégico que no lo borre el próximo gobierno, que no se convierta en viaje laberíntico cuando los chicos no son escuchados, no se le ofrecen puertas ni salidas, ni pueden aportar su creatividad e imaginación para que vivamos mejor.

Con lo cual si los niños no tienen opción a ser sujetos de derecho transformadores, y participar de su propio proyecto político, sus derechos están muy lejos de ser alcanzados. No tienen palabra, aunque digamos que se la damos, hacemos bastante por dársela pero tienen poca palabra, o mejor digamos, poca escucha, por parte del adulto. Los niños necesitan accesibilidad, no sólo los que tienen una discapacidad sino todos, necesitan espacios de encuentro, de cruce, poéticos y extra cotidianos, antiguos, disparatadamente contemporáneos, espacios mezclados, espacios de juego para jugar con el espacio.

Paradojas de la Infancia:

Primera paradoja: ¿Cómo hacer para proteger a los chicos en una sociedad violenta y a la vez darles autonomía y libertad?. La mayoría de los Derechos que se reclaman insistentemente para mejorar la situación de la infancia, están cada ves mas ligados a la idea de protección. Es entendible que una sociedad exasperada y violenta nos lleve a oscilar entre la sobreproteccion y el abandono, pero es urgente trabajar sobre los derecho de los niño hacia su propia emancipación, su derecho al juego, a transitar por las ciudades, a construir una identidad, a vivir con otros, es imprescindible que se sostenga como banderas.

Segunda paradoja: El juego es el trabajo de la infancia. El niño aprende, simboliza, entra en la cultura, se relaciona con los demás, a través del juego ¿Cómo enaltecer la actividad lúdica en un mundo que no juega?, o que sólo lo hace por razones de éxito y dinero, donde suele confundirse el juego con el poder, la negociación y corrupción.

¿Cómo entender la naturaleza del juego con estilos políticos que no la comprenden? ¿Como proponer el juego en una escuela que no lo absorbe, medios de comunicación que lo atontan y una familia sin tiempo para compartirlo?.

Tercera paradoja: es sabido por todos que la representación política y social está en crisis en el mundo. Se trata de la verdadera crisis del Estado-Nación, de las teorías pactistas, verdaderos fundamentos de la modernidad.

Ante esta situación los gobiernos progresistas, abren espacios de participación para todos los ciudadanos, asambleas populares, presupuestos participativos etc.

Los Consejos de Niños que propone Francesco Tonucci, los grupos de niños proyectistas y los programas serios de participacion infantil, se encuentran con la paradoja que un grupo de niños deben ser elegidos tal vez por sorteo, tal vez por sus pares, pero no tiene mandato de representación sobre otros niños, los representan porque un niño representa a todos los niños, porque un niño representa variadas referencias entre niños, pero en ningún caso porque pueda constituirse en representante en el sentido electoral del término, el de llevar adelante un mandato, la palabra de todos, el deseo del conjunto de sus pares

En Rosario, el Tríptico de la Infancia vive. Se acercan personas de todo el país para hacer con nosotros una experiencia común: Fábricas y construcciones, dispositivos lúdicos, pedagogía del viaje y la poesía. La Granja de la Infancia, El Jardín de los Niños, la Isla de los Inventos, son espacios públicos, donde se traman vínculos entre chicos y grandes, se encuentran frente a un río publico y tienen una secuencia de oportunidades. Cuando el Tríptico cumplió 10 años, hicimos 2000 banderas. Los adultos firmaron un compromiso para ayudar a los chicos. Las inscripciones de esas banderas debian ser tejidas y/o bordadas. Porque en el imaginario social argentino, lo textil, sigue siendo el amor bordado en lentejuelas, tejido en lana para abrigar, en trajes de novias, infinitas bufandas, vestiditos de muñecas, etc…

Participaron de la votación 125.000, chicos los cuales eligieron 25 frases para ser bordadas en las banderas. Las frases provinieron de manifestaciones de los niños en Consejos de Niños, Congresitos de la lengua, la Educación y la Salud. Fue el “Manifiesto de los chicos”, y lo que sigue son partes de sus afirmaciones.

Manifiesto de los Chicos:

  • Cuidemos lo público porque para algunos es lo único. Javier, 6 años.
  • Es el momento de mezclar todas las ideas para que salga una mejor. Daniela, 8 años.
  • Comer te calma el hambre. Aprender es viajar con el cuerpo y la imaginación. Tener hambre no te deja libre. Varios chicos de 13 y 14 años.
  • Los chicos les enseñamos a los grandes a ser grandes, a ser padres, a amar mejor, tu hijo puede ser el maestro de tu vida, no lo desaproveches.
  • Sueños tenemos todos, lo que falta es un sueño común.
  • Prohibido ideas tristes, bienvenidas ideas alegres.
  • Cuídense y no nos dejen de cuidar nunca, aunque seamos grandes.
  • Nos damos cuenta que pasa el tiempo en el corazón, vivir es querer a otro no sólo que nos quieran.
  • La imaginación es la máquina. Eso lo dijeron Daniel y Jeremías, de sectores muy humildes. Yo pregunté qué es la imaginación, y uno me contesta “la imaginación es la máquina de hacer aparecer cosas e ideas”, y el de alado dice: “justo en el país de los desaparecidos”, 8 años, y quedó así: “La imaginación es la maquina de hacer aparecer ideas y cosas, justo en el país de los desaparecidos.”
  • Nuestros nombres son importantes, no lo olviden.
  • El que se queda sin trabajo no puede pensar más en el futuro. 14 años.
  • La identidad es el pasado de los recuerdos, los recuerdos somos nosotros.
  • La esperanza es tener fe de que todo, todo, no nos puede salir mal!!.
  • No griten, no golpeen, nos da miedo.
  • Para que haya cambios nos tienen que dejar pensar, tienen que hacer silencio, gritan todo el tiempo y no nos dejan pensar.
  • Hay mucha desigualdad y nos gustaría cambiarla, que nos dejen pensar, entonces, al final van a dejar este mundo y lo vamos a tener que hacer nosotros.
  • Los chicos tenemos poder, queremos aprender a usarlo, enséñennos a usar el poder.
  • Que se distribuyan las palabras para todos, la tecnología para todos y las cosas también. Yo pregunté sobre la lectura y me dijeron: eso es un problema de ustedes. En la gran biblioteca del pensamiento hay mucho lugar, caben las palabras, los libros, las imágenes, las ideas y todavía queda mucho lugar, no se preocupen.
  • Que haya intercambio de palabras y cosas para que dejen de matarse.
  • Si todos nos matamos, ¿quién va a contar nuestra historia?
  • El alma puede ser como un armario, podes ir allí toda la vida para saber quién sos.
  • Apasionarse es un motivo que te empuja y que va más allá de lo que podemos decidir y hacer.
  • Yo soy otro vos, si no estamos juntos nos perdemos.

 

Gracias por este encuentro, como siempre finalizo con un poema de José Marti (1785, La Edad de oro).

“…Para los niños trabajamos, porque ellos son los que saben querer, porque ellos son la esperanza del mundo, y queremos que nos quieran y nos sientan como cosa de su corazón. Y si algún niño de América nos encuentra por el mundo, nos diga muy alto, donde todos puedan oírlo: este hombre de La Edad de oro… fue mi amigo…”

 

Desde al alma!!!

 

Chiqui Gonzalez

Ministra de Innovación y Cultura

Gobierno de Santa Fe

 

    

 

[i]           Desgrabación de la ponencia presentada en la mesa redonda “Ciudades ocupadas por los niños”