Un recuerdo personal sobre la gesta de Mayo…

Mayo siempre me pareció un mes dorado, fuerte amarillo, estallido de los mejores ocres, cuando abril se despedía con el rosado y los marrones.

Mayo, desde la escuela, fue una revolución inquietante. Siempre desee la copia exacta de cada dicho y postura en el Cabildo Abierto del 22.

Nunca creí en paraguas, perseguí la intransigencia de Moreno hasta su asesinato en el mar, investigué a Castelli, sus ideas resplandecientes y me enamoré de Belgrano, no por buen y desinteresado abogado puesto en la guerra de la Independencia, sino por creador de símbolo, independentista de cuerpo y palabra, soñador de monarcas incas, acusado, enjuiciado, abandonado y renacido en Rosario, como nadie.

Mayo de 1810: fue para mi infancia la primera idea de revolución y esa palabra jamás me abandonó. Mi padre, maestro carcelario, pintaba con nosotros innumerables Cabildos para sus alumnos adultos de la cárcel de encauzados de Rosario.

Siempre asocié el Cabildo tan abierto con la cárcel tan cerrada y los dibujos inocentes en el aula con rejas de mi padre.

Nunca creí que French y Berutti regalaban escarapelas en la plaza como quien reparte hoy un distintivo. Siempre he amado los símbolos, fueron ellos los que me hicieron resistir el dolor y el aislamiento. Siempre estuvieron sustituyendo al amor. Por eso uní a esos hombres y esas cintas con la revolución. Bandera naciente y la sensación en el pecho de ser parte, ser libres e independientes. Por eso cuando en 1996 realizamos una fiesta inaugural del CEC, creado en 1995, Alba Borazzo, una gran coreógrafa bailó el himno nacional, con gorro frigio y senos al aire, mientras juraban con gloria morir, en el aire Gerardo Agudo y Ricardo Arias.

Mayo es revolución en la propuesta y el compromiso de unos pocos más allá y más acá de gobierno autónomo. También demuestra que al buscar la libertad nadie puede dejar de profundizar la independencia.

Mayo de 1810 no es sólo historia, es cultura de los argentinos, contada en actos infantiles con negritas pasteleras y héroes con sombreros de cartón, pregones y caras teñidas de negro, damas de peinetón y encendedores de velas, fiestas estereotipadas, pero que renovaban en los patios, la división social. Un costumbrismo que se convierte en ideología.

Y todo está en mí, las figuritas del Billiken y la fuerza de Belgrano contra Rivadavia, las pasiones del 1er Gobierno Patrio y la luz centellante del Mayo libertario, la Bandera más larga del mundo, hace un año en el Bicentenario de la 9 de Julio, y los millones deseando hacer de esa revolución su identidad, su manera de construir un país, los cabildos de mis padres, los juramentos en el Monumento, la recordada “Visita guiada a la vida de Belgrano”, y la sensación actual que somos hijos de una revolución que no está en los manuales, subyace en un país enorme, cielitos de la independencia, nos hace ser lo que somos, nos pone a ser lo que seremos.

 

Chiqui González

Texto escrito para la Revista Rosario Express