Seleccionar página

III Congreso internacional “Los museos en la educación”

Conferencia de Chiqui González, dentro del III Congreso Internacional `Los Museos en la Educación.’ Organizado en noviembre de 2016 por el Área de Educación del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. (Madrid – España)

Buenos días a todos. Está muy bien, primero quiero agradecer, pero no agradecer como siempre se agradece, porque se agradece siempre… Este me pareció un congreso absolutamente sólido, absolutamente prismático, que trata de mirar desde todos los costados, un congreso que se plantea la relación con el territorio, con el espacio público, con el museo y sus diálogos; me pareció un equipo plural, democrático, impresionante, no sé ustedes los llaman animadores… no, educadores, un equipo de educadores en el que todos son capaces de llevar adelante maravillosos talleres, me he quedado a la tarde para oír, así que realmente creo que vine hasta España a un congreso en serio, no un congreso hecho por política, o hecho por marketing, o hecho por cualquier otra cosa, vinimos a pensar los museos y no sé si nos vamos habiéndolos pensado, porque el caos es grande, pero si no empezás por el caos y por las miradas tan diferentes –con muchas cosas en común- seguramente que no vas a repensar nada, si vas a pensar con las categorías anteriores vas a llegar a las mismas conclusiones… así entonces, gracias.

Siempre empiezo con un poeta porque cuando Ana dice “trabajar con otros” yo tendría que agregar «con el ciudadano como protagonista» y no con el artista como protagonista, no en los museos, en toda la cultura. Yo soy ministra de Cultura de una provincia, no del Estado Nacional, de la provincia de Santa Fe, la primera ministra que crearon en todo el país, así que tienen que ponerse desde la perspectiva de que hablo más desde lo público, desde las políticas públicas, por lo tanto ustedes tienen que seguir ese razonamiento, lo cual no quiere decir que no implica su relación con lo privado, intensa… pero hoy hablo desde la pregunta: ¿cuáles son las obligaciones de lo público?

Siempre empiezo con un poeta porque ustedes saben que la fijación mía son los niños, después voy a explicar que no hago museos para niños, que ninguno de nosotros hacemos museos para niños –en mi equipo somos veinte, tipo territorio ocupado-, tenemos 8 museos que dan cabida a niños de menos de tres años, y están estructurados a la manera de pensar de un niño menor de tres años, pero están dirigidos para los adultos, y han llegado a tener el 68 % de las entradas de adultos solos, que es lo que queríamos nosotros, que la manera de pensar de un niño le hiciera frente al esquema moderno de la educación. En estos museos las entradas son gratuitas o cuestan menos que un viaje en transporte público.

Este es el título, ustedes me han puesto futuros cercanos, bueno, yo les quiero decir que los futuros son inmensurables, así que también hay lejanos. Ustedes siempre pueden poner cercano, mediano o lejano o como le guste al futuro, ¿no es cierto?, lo bueno del futuro es que siempre podés inventar lo que te encanta y te puede pasar como a Verne, que de verdad pasó, o te puede pasar que pensabas que hoy la mujer maravilla iba a venir vestida de plateado y no es así… termina siendo asesinada por sus maridos.

Pero yo voy a tratar de tomar el costado esperanzador de las cosas que parecen aparecer en el mundo hoy, porque lo que no está en el mundo hoy, no está mañana, lo que no está hoy perfilándose, no está mañana. Tú te levantas un día y dices ¿hola futuro cómo estás? Conozco un amigo poeta que dice “cuando venga el futuro, decile que no estoy”

Empiezo con los poetas porque creo que el pensamiento poético, no la poesía exclusivamente, si no el pensamiento mágico poético, la poiesis de Edgar Morin, es parte del conocimiento y es lo que hemos dejado fuera de la escuela, de los museos, de la ciudad, de la política y de tantas otras cosas.

Empiezo con Machado por un homenaje a ustedes, mi adorado Antonio Machado:

Hay dos modos de conciencia:
una es luz, y otra, paciencia.
Una estriba en alumbrar
un poquito el hondo mar;
otra, en hacer penitencia
con caña o red, y esperar
el pez, como pescador.
Dime tú: ¿Cuál es mejor?
¿Conciencia de visionario
que mira en el hondo acuario
peces vivos,
fugitivos,
que no se pueden pescar,
o esa maldita faena
de ir arrojando a la arena,
muertos, los peces del mar?

Aquí no me tocaría explicar las metáforas, ¿no? Ni matamos peces ni los dejamos libres, yo creo que en mi vida, más allá de los años sesenta, época en la cuál nos creímos visionarios que mirábamos en el hondo acuario peces vivos fugitivos, nunca más tuvimos esa actitud. Después, fui maestra de escuela, desde la guardería en adelante, hice de todo, y creo que también hice la cola para la leche, también domestiqué de la peor manera, también tuve estereotipos políticos en la militancia política, y transmití estereotipos y eso es tirar en la arena, la maldita faena, tirar muertas algunas opiniones de los niños que ante la insistencia mía iban muriendo, porque los niños no mueren, pero sí muere la infancia.
Bien, hablar de la época que atravesamos es complejo, cruel y no voy a hacer una cantidad de puntos tipo portada de revista, no creo que sea respetuoso para todos ustedes, que son cultos y que están atentos y que viven esta vida, porque aparte de ser cultos, estudiosos, atentos, viven la vida que estamos atravesando, por decirlo así. En los años cincuenta Hannah Arendt decía que lo peor de la sociedad de masas ni siquiera es la rutina, ni el consumo, lo peor es que el mundo conocido –que no es el planeta- ese mundo es la cantidad de recursos, miradas, procedimientos, valores, teorías, proyectos, prácticas que creó el hombre para interpretar su vida, y los paradigmas van cambiando dialécticamente, ese mundo va cambiando, no es el planeta, ni es motivo de la ciencia, es motivo de las ciencias sociales. Ese mundo ya no nos aglutina, ya no nos desbroza y a la vez no nos hace colectivos, ya nos masifica, o sea, nos une a todos iguales, y sobre todo ya se ha olvidado del entre.

Nos enseñan el qué, el cómo, el cuándo, el dónde, que tampoco es así, es un horror enseñar eso en la escuela primaria: el qué, el cuándo, el dónde… Aristóteles vamos a ir enseñando… bueno, enseñémoslo, es la cultura universal… pero hay tanto que enseñar de la paradoja y de otras cosas, porque los niños, mirá te enseñaron Aristóteles a la mañana y a la noche te leen Alicia en el país de la maravillas, qué paradoja, es otra lógica distinta a la que le enseñaron en la mañana, por supuesto, ¿entonces? Por supuesto no iba a ser de otro modo…

Bien, ahora el entre: el entre es entre yo y mi propio cuerpo, entre yo y vos, entre las instituciones, entre el museo y la calle, todos antagonismos que a mí me enferman: entre el adentro y el afuera, entre las instituciones y lo autogestionado. Hay autogestiones que son casi instituciones, no hay museos, para coleccionar o desechar, ¡no! ¡Desechar en un museo! Es muy evidente, desechar…

Nosotros tenemos un gran pintor que se llama Antonio Berni, es el más grande para mí de Argentina junto con Fontana -Fontana hay acá en la Colección Permanente, me dijo Salvador-. Berni hacía monstruos de cartón y con canastos todos podridos. Colgaron del techo todos los monstruos, después se pudrieron los monstruos y nadie se los compró ¿quién iba a poner en el libro eso? Él ganaba millones de millones en Londres y en todo lo demás, pero lo que no se daban cuenta es que… Berni murió a los setenta años, nosotros de Berni hicimos muchas cosas para niños, y me hice amiga de sus hijos y de sus nietos, y con José Antonio, fotógrafo, hijo de Berni, estábamos en una inauguración donde estaban todas las personalidades más importantes de Argentina -con un vino barato, y en el único momento donde se ven, después no aparecen nunca más por la exposición- y nosotros nos fuimos afuera y él me dice: “Chiqui, mi padre jugaba con los canastos, decía que eran los monstruos de Ramona, pero acá no saben lo que hacen”. Pero digo: «¿Por qué José Antonio?». Y dice: “porque los colgaron como simples canastos monstruosos que tienen algo de pájaro ¡pero el monstruo era la sombra! ¡había que colgarlos con luz que hiciera que la sombra fuera el monstruo!”, ¡me dice el hijo! Y yo voy, y veo un montón de canastos colgados como monstruos y digo: «El famoso montaje que te hace ser solo si está más distante…». La iluminación, la sombra, la penumbra… el derecho a la penumbra… los fondos, las figuras, las cosas que están en el aire, los techos, los pisos…
Bien, Hannah Arendt, al romperse el entre, porque no hay tensión en el entre, entre el museo y la calle, entre los políticos, entre los partidos políticos, entre las cortes… ¡imagínense las cortes! Imagínense los poderes del estado, la república, cómo es el entre… No sé ustedes, pero nosotros en Argentina, los legislativos, los judiciales y ejecutivos, no se llevan, directamente no se llevan… ¿o los de ustedes se llevan?

Para el entre y para que no se aburran tanto, hago un juego, que es un juego de palabras, pueden agregar cualquier cosa, pero en realidad es todo mentira, que quiere decir, yo tomo las palabras que se me ocurren, para decir lo que se me ocurre, y por supuesto esto no es así, esto no es la verdad, es un juego de ficción, pero muchas palabras sueltas, dicen mucho más que discursos enormes, largos, bien articulados y bien escritos. Entonces: A mí me tocó de golpe venir de ser artista de teatro, directora, de todo, a entrar en el Estado, y decís «¿y porqué te metiste en el Estado?». Bueno, porque era la oportunidad número uno de que me dieran lo que yo necesitaba para hacer realidad los sueños de toda una generación, no los míos, los de toda una generación, no de artistas, de ciudadanos, de salir de la educación que yo no quería para mi hija y que yo tuve que meter a mi hija en ella, y que fue la mía… Yo quería vengarme de mi infancia, entonces me dijeron: “Usted quiere ser ministra?”. Me voy a vengar de mi infancia, perfecto, pero así lo pongo tal cual: vengarme de mi infancia, y si fuera posible de todo el sistema educativo, con todo mi cariño para las que me salvaron, muy bien. Pero entonces, tuve que asumir un día el juego de las P, que yo creía que era hacer políticas públicas -yo, como abogada, creía que todas las políticas eran públicas, aun las privatistas. Si privatizás el país es una política pública privatista, pero pública, ¿por qué? ¿quién lo privatizó? el gobierno… y ahí me enteré que había políticas públicas y que había que remarcar mucho que eran públicas, tan claro tenían lo de privatizar todo que le marcaban lo de públicas, pero con P de paisaje, con P son principios, y de acuerdo a principios uno crea planes y de acuerdo a planes crea programas y los programas te crean preguntas y las preguntas te crean problemas y los problemas van contra el privilegio y vos te ponés a pensar en el pan, en lo privado y de pronto tenés la participación ciudadana. ¿Dónde está? no, acá no entra, no hay acceso, no, participación ciudadana no, prioridad, debo decir a qué doy prioridad, no debo gastar todo el dinero del presupuesto con P, pasado es con P, presente es con P y porvenir es con P, quiere decir que el tiempo es con P, con lo cual ya me empeoraron la vida.
Pedido, prejuzgar, privilegio, privado, privacidad, proceso, pasado, presente…. Parasistema, protagonismo, punto final, presidente, pérdida, pátinas, patina, porque hay maquillaje también, pobre, provincia, parroquiano, país, plural, participación, pragmática, papel, pie, prejuicio, paradigma, progresista, paracaídas, pronto, poco, producción, preservar, preservativo, prometer, prolongar, pandemia, pornografía, política, con las dos P pornografía política, publicidad, patrimonio, pensar, prevalecer, pronunciar, perdonar, pedir, parafrasear, predominar, primaria, premio, planisferio, pobreza, periferia, plata, proletariado, población, pueblo, patria, pared, permiso, paliativo, posibilidad, parte, popular, policultural, polideportivo, polución, practicidad, pudor, presencia, públicos, visitantes, pero bueno…

Cuando llegué yo a este trabajo, dije ¡qué lindo! voy a ver el museo y todas las entidades culturales, yo tengo 18 museos a mi cargo -no me pregunten por todos, algunos son horribles- y hay nueve que son realmente… qué se yo… tienen posibilidades de ser otra cosa… Pero cuando llegué, me encontré con la c, que mi tarea era la c, y mi lucha es entre la p y la c, porque en la c está la comunidad, está el cuerpo y todo hombre, aunque creas en dios y en el alma, en la mente de René Descartes y en la razón, toda existencia es corporal, es imposible que nadie planee educar, formar, jugar, crecer, o amar sin el cuerpo; transitar museos, viajar, perderse, buscar sin el cuerpo.

Pero yo, como era cristiana, de chiquita, a los cuatro años me mandaban delante de Jesús chorreando sangre, y me decía la monja “murió por tu culpa”, yo venía a mi casa y decía: “Mamá ¿qué le hice a ese hombre que está chorreando sangre?”. Y mi madre, que era dentista, científica, decía: “¡Nada! Estupideces de las monjas”. ¿Para qué me manda a las monjas? Vencí, les saqué ventaja, porque ese Cristo crucificado y esa cruz son una de las grandes metáforas de Occidente, y desde entonces, sólo creo en las metáforas, en las simultaneidades, en las analogías, en las sustituciones. Si no sustituimos morimos, lo literal es la pobreza y la supresión del otro, es la violencia, repito, lo literal es hambre y violencia. Si yo te digo a vos: ¡te suprimo!, yo estoy diciendo que te voy a suprimir porque te voy a hacer la vida imposible, vas a perder tu oportunidad, vas a tener problemas, etc. En cambio, si yo te clavo acá un cuchillo y vos desapareciste, soy literal, y este mundo se está volviendo literal, te lo puedo contar.

Entonces vos tenés: cuerpo, calle, cielo, casa, colegio, centro cultural, centro deportivo, centro de salud, cariño, cohabitación, civilidad, ciudadano, cuna, cooperación, colaboración, congestión, colectividad, cinísmo -–para los museos–-, crueldad, club –-el museo también puede ser un club, y hay muchos de los ejemplos vistos durante el congreso, que son realmente tesituras que en los años cincuenta hacían los clubes, de lo que nosotros ahora llamamos programas extramuros–,- clubes, clanes, carnaval, caras, carnicería, compañero, camarada, crisis, carencia, conocimiento, compromiso, construcción, común, cita, citar, convocatoria, coprovinciano, compartido, cívico, crítica, circulación, comunicación, capacidad, capacitación, campo, combatir, convivir, consejo, cámaras, crecimiento, cosecha, crédito, concebido, convicción, cómico, conducta, cósmico –-no es cómico si no cósmico–,- cliente, clientelismo, consumidor, camino, comprar, cursilería, corrupto, cretino, contracturado, contabilidad, contar, porque la p también tiene presupuesto, canción, crítica, cumplir, coherencia, y, sobre todo, señores, convivencia y creatividad… entonces luchá con las p: planificá… programá… pensá… pero lucha con las c: de cariño, de cuerpo, de calle, de cielo, de crítica, de compañero, de colectivo.

Y solamente hice poquito, para que no se ofendan, toda la parte –-digamos light y bonita–- de la M de museo que para mí es maravilla, es metáfora: todo el museo está en el lugar de otra cosa, ustedes dirán no, Rodin, tomá, andá a ver si cada escultura de Rodin, no está en lugar de su modelo, pero es que también está en lugar de su época, también está en lugar del color, pero también está en lugar de la tensión y también está en lugar de la pared –-desgraciadamente–-, y también está en el lugar de tu propio desconocimiento. Madre, milagro, muestra, misterio, manifestación, movimiento, museo debe tener movimiento, mente, memoria, mientras tanto, mejor, metrópolis, mañana, minutos, miradas, mestizo, múltiple, mano, mapa, madera, metas, mezclar, mérito, mistificar, morir, metafísica, mugre, mercado, medios de comunicación, masas populares, mitos, mate, medallas, museologías, maestros, mediciones –-de públicos, cuantos entran, cuantos salen–-, miedo, murmullo, meseta, medicina, maldición, milenio, y mar… mar… mar.

Juego de las palabras que no voy a explicar, entre esas tres letras, he tratado de decir una tesis, yo debería sentarme y decir ahora discutan, hagan lo que quieran, hagan un taller… ¿no? Ustedes se ríen, se ríen porque creen que es un stand-up y en lugar de eso trata de ser teoría… igual no me enojo si se ríen.

Primer tema: aprender en los museos, voy a hacerlo muy corto, porque esta ya es una conferencia de cinco horas, pero voy a decir la primera cuestión de los futuros cercanos: ya Noruega tiene jornadas laborales de cuatro horas –-donde hacen más construcciones, y arte, y creatividad que electrónica–-; ya Corea del Sur tienen otras cuatro horas, ya no hay más jornada extendida –-difícil para Latinoamérica porque ahí está lo social, ahí está la comida, sobre todo en Latinoamérica cada vez ponemos más horas de clase–,- suerte que el día no dura cuatro horas y es de noche. Pero aprender… yo quiero saber si lo que nosotros hacemos al enseñar es aprender. Qué busca la exposición: ¿interpretar la exposición? ¿Interpretar el museo? ¿Interpretar algunas verdades? Por ejemplo: que si Renoir era un impresionista, paisajista de costumbres y de picnics, o era un auténtico retratista de no sé qué, de los vínculos más sagrados, pero como del vínculo, del entre no se habla ¡quién te va a hablar del vínculo en la cosa!, o si nosotros lo que queremos es que el visitante aprenda un sentido suyo y ratifique un sentido suyo, algo suyo que se mezcle con lo que ve.

Yo hice teatro y llegué hasta acá, porque una patinadora de barrio, vestida con un tutú y con un clavel medio seco, con un foco de iluminación que era un seguidor, en un club de barrio, bailaba… ella tenía unos diez años… yo tenía tres… y teniendo una mesa de lata en medio, ella se acercó y me dio el clavel… yo llegué al arte por ese clavel y no por tres universidades o no sé cuántos años de escuela, llegué porque me conmocionó de tal manera esa imagen casi volando en blanco, con ese rojo en la mano, y que yo que era chiquitita, tuviera que recibir el clavel. Yo no sabía que aquello era un rito de pasaje, que ella me estaba pasando la posta y que los niños no hacen más que vivir en el rito de pasaje, y por eso se cae Alicia en los pozos. ¿Cómo entre sala y sala no va a haber un rito de pasaje? ¿Porque no nos sacamos los zapatos, o ponemos un grano de arroz? ¡Por qué miramos toda la sala con el mismo fondo! ¿Por qué sus divisiones son temáticas si en la película nunca lo hacen por el tema? Ni en la obra de teatro lo hacen por el tema, ni en la literatura lo hacen por el tema. Lo hacen por la tensión dramática cuando vamos a narrar, ¡por dios! Narrar no son los conceptos de una muestra, narrar es la emoción del público, narrar es el afecto, narrar es la sorpresa, narrar son los tiempos muertos, etc.

Respecto a aprender. Lo que quiero decir es que no aprendemos la verdad -a mi entender- no aprendemos nunca la verdad, porque aparte no se puede aprender la verdad de una muestra, ni lo que quiso decir Renoir, ni lo que Renoir resuena hoy en el mundo contemporáneo, también lo puedo decir y el que pueda acceder a ese nivel, divino, que lo sepa todo y yo feliz que lo sepa, pero con los chicos y con todos los que yo voy a los museos, los pobres, la gente de clase media que no sabe otra cosa, los padres que quieren saberlo todo porque tuvieron un libro de la pinacoteca de los genios que le mostró a Renoir, digo ¡impresionista! Y con eso ya saben, y digo ¿los impresionistas qué trabajaban? La luz. ¡Ah! Ya con eso supieron todo, ya se terminó ahí… ¿Saben por qué la luz? Ni idea. ¿Qué color le pondrían de fondo a Renoir? Azul, dicen todos, azul marino, turquesa. ¿Por qué todo turquesa? Porque Renoir familia es turquesa. ¿Por qué la mujer de costura es la madre y no una que trabaja? Por qué el trabajo está subestimado frente a la familia, por qué la familia está mejor prestigiada que el trabajo. ¿Por qué los que se bañan son bañistas? Si en realidad son mujeres ensimismadas y abismadas, desnudas, mirándonos o de espalda sin importar nada de nosotros porque, en realidad, su mundo interior las come como un calcetín para adentro. Alguna vez te preguntaron: ¿vos estuviste abismada así? Es típico de las mujeres el abismo interior, ¿te lo preguntaron? Te habrían tranquilizado y habrías pensado que no estás loca.

Se aprende toda la vida, desde la panza de la madre, es más, ¿hay pediatras acá? ¿Hay ginecólogos? ¿En los museos no hay ginecólogos? Qué lástima. Bueno, últimamente estoy dedicándome al nacimiento y al parto respetado y todas esas cosas, con poco esnobismo, y le pregunté a un ginecólogo: “Decime, el chico, cuando va a nacer, ¿hace algo?”. Y me dice: “Pero Chiqui, está calentito y bien, y por un impulso de la naturaleza se abre paso en canales terriblemente estrechos, con un miedo espantoso y hace el 70 % del trabajo del parto, hace eso para salir y nacer ¿y sabes lo que le toca? La escuela primaria nuestra, la guardería nuestra”

Aprendemos los múltiples sentidos que vamos captando de un gran museo que se llama ciudad, yo no sé porque no empezamos, o alguien nos dio una conferencia diciendo, ¿qué tiene la ciudad de museo? Yo di una conferencia en Sao Paulo, en Ciudades Educadoras, y quedaron todos fascinados (lo digo con humildad) al afirmar que el gran museo es la ciudad. Por eso el niño menor de tres años, que lo cargan y lo arrastran, y el chico va detrás, así atrás, el niño conoce que la hormiguita y la hojita, y sigue la hojita y la hormiguita, y no miró para arriba, y la madre lo va tirando vamos, vamos, vamos, vamos, y escuchó una voz por allá y otra voz por allá, y junto esta palabra con aquella otra palabra, y bueno, ese es el gran museo del niño. La ciudad es el museo para aprender antes de llegar a la escuela, antes de llegar a la guardería de tres años, aunque con el decir de que cada día avanza más la educación, al año nos lo van a meter en clases, y a los dos en una cosa y la otra, a los tres en otras más, y a los cuatro en la escuela y no le van a dejar un sólo minuto, para que el niño juegue solo, tenga amigos en su vecindad y cree otros lugares que no sean la escuela, donde reunirse, encontrarse, ser pares, ser autónomo.

Tenemos que proteger a los niños pero la convención de los derechos de los niños, dice que tenemos un derecho contradictorio al de la protección: El Estado debe crear niños autónomos. Los niños -esto es mío y por supuesto nada científico- nacen en el agua, son peces, los niños salen y se convierten en terrestres y les enseñamos a caminar y les enseñamos a respirar, y les enseñamos el lenguaje y se ponen de pie y en un año hacen todo eso! La existencia corporal. Ellos vienen de la especie gritando: “vengo de una especie, soy un ser humano, te traigo una noticia de la especie, primero voy por el piso después me empiezo a agarrar para sostener y ponerme de pie, es la especie la que está cambiando, vos te olvidaste de la especie, no te separés de la especie, ni del cosmos, porque estás frito” Te traen el mensaje pero vos que estás con ropa nueva y estás con cuarenta tecnologías, ni te diste cuenta, ni te diste cuenta. Y cuando está de pie y vos lo mirás fijo, y él te mirá fijo, vos sabés que él quiere ser pájaro.

De esto ustedes se ríen, yo no me río porque yo hice una hija pajarito, un gorrioncito, pero no logré hacer una hija pájara porque yo no era un pájaro, tenía demasiado miedo.

Se aprende toda la vida, se aprende con toda tu experiencia anterior, si no traes experiencias propias no aprendés, se aprende con los otros, con lo que los otros dicen, se aprende con la diferencia, se aprende en todos los espacios, y esto es lo que quiero que subrayen para mi conferencia futuros cercanos.

Yo no lo voy a ver –-yo me voy a morir, lamentablemente con m, algún museo también va a morir, ¡este no! pero algún museo también va a morir conmigo, no vayan a creer que yo voy sola a vengarme de la infancia–- pero sí, la tendencia mundial y la tendencia que yo creo, es que el sistema educativo formal va a desaparecer. Por lo tanto va a haber un sistema no escolarizado, escolarizado sí porque no creo que en cincuenta años desaparezca la escuela, pero la escuela moderna va a desaparecer porque el niño pequeño va a terminar tirándola al suelo como lo está haciendo, no el que va a la escuela, sino el niño menor de cuatro años la va a desconocer, y ya la está dejando muda y sin respuestas.

Por supuesto todo esto de extramuros que están contando durante el congreso, más el teatro nómada y más todo lo que están estudiando en la cárcel, todo se llama no formal: lo que no tiene forma no existe, la modernidad separó la forma del contenido, todo el mundo dice en el siglo XIX, se separó la forma del contenido.

Cuando le hacés una visita guiada temática a un chico y le decís: estos son niños, estos son los hijos, estos son los que se bañan, estos son los padres, esto fue tal cosa porque él tenía una fábrica de tal cosa y se casó tres veces (los que escuchan pueden pensar: a mí qué me importa, quiero salir y ponerme a llorar por mi divorcio, no sé…)., Antes paremos y pensemos: ¿qué otra cosa les podés dar? ¡Por favor, contame lo que es redondo en tu vida!

Le pregunto a los niños: “¿Qué es redondo en tu vida?”. Redonda es la cabecita, redonda es la panza de mi mamá, redonda es la luna, la luna, la luna, redonda, redonda, redonda, –-entonces empiezo a jugar–-, la luna redonda, redonda, redonda, ¿qué es redondo? ¿Dónde están los signos lingüísticos? Pero no que le enseñés el color, mejor preguntá ¿qué es el color en tu vida?

Por todo esto, hablamos tanto de lo que hablamos acá, de museos para adultos, pero ahora me toca hablar de los niños, o sea que va a haber un sistema –-si quieren sistema es demasiado cerrado–-, un sistema de redes muchísimo más amplio, que va a tener que ver con las vecinales, con la bibliotecas verdes, las bibliotecas de los barrios, los centros comunitarios, los centros de comunicación, las escuelas de arte, los museos, las escuelas, los parques, todo lo que sea las fiestas populares, las quermeses. Todo lo que se hace en todo ese mundo también son exposiciones, ¿ustedes qué creen? ¿Qué los pueblos eran ignorantes antes de que inventáramos los museos? Ellos hacían sus museos al aire libre, y ponían sus casetas, sus puestos y ponían sus mercados, acá vendían naranjas y allá artesanías, allí le rezaban a la virgen y allí tenían agua y allí sifones, ¡por el amor de dios! Si el Rastro de Madrid no es un museo, ¿yo qué soy? Porque la inquietud que me da en el Rastro, no me da en ningún otro museo.

Bien, aprender en toda la ciudad y aprender de los orígenes de las distintas comunidades que conviven, sus formas de exposición comerciales, sociales y rituales. Lo que necesita este mundo es que recarguemos de sentido, que recarguemos de símbolo, que recarguemos de rituales, que recarguemos de ritos de pasaje. Cuando Alicia va a matar al Jabberwocky dice: “Yo soy Alicia –vestida de varón–, yo soy Alicia, creo en que los animales vuelan, creo que hay una pócima que me puede hacer crecer, creo que hay una pócima que me puede hacer pequeñita, creo que las orugas filosofan, creo en el país de las maravillas, creo en los cuentos y creo que mataré al Jabberwocky, y le corta la cabeza al monstruo, y ese manifiesto, señores, es el que estoy proponiendo, también en los museos. Me van a decir ¿Y qué vas a poner, una máquina poética al lado? ¡No! El museo, un cuadro de Renoir solo, tiene tantos motivos para la poesía, tantos motivos para el pensamiento sustitutivo y poético… Aprovechemoslo.

Sigo creyendo, como en el año ochenta, que las cuatro formas de educación de Delors, siguen siendo válidas, no hay ningún contenido que aprender ni tema que llevar adelante, todo el tiempo hablan de temas, todo eso lo tienen los entornos digitales. Ni temas ni contenidos, tan es así que en la escuela hablan de contenidos curriculares, los museos hablan de las distintas temáticas, entonces te dicen el artista pintor, el artista guerrero, el artista dibujante gráfico, el artista que hace objetos para marketing, entonces uno es ocre, otro es burdeos, otro es turquesa. Y vos decís ¡qué es esto! ¡Todos están contra la pared!

Esto sí lo voy a contar para que no se ofenda nadie, porque van a decir ¿esta profesora a qué vino? ¿A decirnos qué cosa? Llegué hace treinta años al Reina Sofía recién inaugurado, la mitad estaba en obra, todo era dificultoso, tenías que saltar dando pasos grandes, no estaba el ascensor por afuera, era un caos total y en una habitación enorme, estaba el Guernica en el centro de una gran pared, con mucho espacio alrededor y delante una soguita que indicaba que no se podía pasar, y en las otras paredes todo era Miró, Kandinsky y un montón de dibujos previos del Guernica, todos, y está todo el mundo sacando foto, foto, foto, foto, foto, un lío espantoso, y una narrativa que decís, ¿pero qué tiene que ver Miró con el Guernica? Será por la época, por el movimiento, por tiempos modernos, será el primer movimiento y luego el segundo, es decir, ¿Dónde está la narrativa de acá? No hay nada. ¿Dónde hay una narrativa argumental, o una narrativa de tensiones? Porque todo lo demás, me está tensando el Guernica, si ustedes me vacían todo y me dejan solo el Guernica, bien lejos, es el altar de la iglesia.

Les cuento, yo estoy en la entrada de la habitación, yo estoy anonadada, mucho más joven, mucho más creyente de todo, y por el lado opuesto entran unos veinte hombres de más de ochenta años, todos vestidos de negro, todos con zapatos abotinados y con cordones, y se van todos juntos frente al Guernica, se paran todos al frente, los demás sacan foto, foto, foto, foto, foto, foto, foto, y estos caen de rodillas… Yo quedé anonadada… Y dije ¿y si los públicos…? ––esto es una metáfora, no quiero que pongan a arrodillar a cada público ante Malévich, no quiero que digas, pero Mondrian ¡qué bueno!, por qué no te arrodillás… No te lo estoy diciendo-. Pero estos señores caen de rodillas, yo al costado, parada, diciendo acá están todos locos, y cuando los viejitos, todos viejitos se levantan, yo le pregunto a un viejito de negro: ¿Qué hacen? Y él dice: “Señora, somos de Guernica, no crea por ventura que nos arrodillamos por católicos, somos laicos y comunistas”. Y yo le digo «¿y por qué?». Y dice: “¿El Guernica no es el altar del arte contemporáneo? Entonces, señora, le pido a usted, de rodillas, señora, esto de rodillas”.

Si un público te impone eso, es también porque lo vive así, si vos tenés el Guernica pegado, sin espacio, no te pasa esto, si vos tenés el Guernica por la mitad de la sala y lo podés ver allá lejos, sí te pasa. Yo probé poner el retrete de Duchamp en el Museo de Bellas artes de Argentina, pobre Duchamp, porque era lo contrario a lo que él quería, primero estaba en una mesa, Duchamp con la cafetera al lado, con unas pobres, unas pobres, porque de cerca son unas pobres perchas de Man Ray, que como no tenían luz, no tenían la sombra, y las perchas ¡en las perchas va la sombra! Entonces podés decir ¡Derecho a la penumbra! ¡derecho a la sombra! No entendieron, ¡Museo de Bellas Artes de Argentina!, no entendieron que la sombra es lo más importante, que así aprendimos las luchas con los grandes animales en las cuevas. ¡La sombra! ¡El derecho a la penumbra!

¿Ustedes saben que yo salí en el diario por el derecho a la penumbra? Porque en uno de los parques me quisieron poner policarbonato, no cristal a lo Musée D´Orsay, no se van a creer, policarbonato en todo el techo, y yo me negué, y dije: de ninguna manera, yo no me voy a ir a besar a un lugar que sea como un plató televisivo, porque en una estación la gente se despide y se abraza porque hay penumbra, lo hacen donde hay dónde esconderse, porque hay penumbra. Entonces unos me dijeron: ¡te vas de acá!, Yo era la única que defendía el lugar ¡te vas! Entonces yo, largándome a llorar, me fui y Forero, que era un gran arquitecto colombiano impresionante, Forero que proyectaba el lugar me corría detrás -raza negra, ojos azules de lentes y camisa de seda natural–, me seguía y me corría y me decía: “niña, –como sería de grande él para que me diga niña a mí- ¡niña!, ¡niña!, ¡niña! Has dicho una gran importancia, ¡Bohigas quiso la penumbra! La Alhambra fue la penumbra, el agua y la penumbra., ¿Qué quieren? ¿Sacarnos de la penumbra como en los shoppings, como en los aeropuertos, como tal cosa y tal otra? Nosotros no vamos a aceptar sino la penumbra, si no, tengo que oscurecer todo con telas y ponerlo todo con luces artificiales, ¡no voy a dejarlo! Me dice: “Niña, ¿tú eres arquitecta?” . «-No, abogada- », decía yo… -“Bueno, muy bien, has dicho una cosa extraordinaria, no te vayas, no te vayas”. – Y salió en el diario que decía: “La Chiqui quiere el derecho a la penumbra”., Me trataron todos de loca.

Muy bien, hay campos que regulan las exposiciones adentro, afuera, y donde se te ocurra, que son el tiempo, el espacio, el cuerpo, los objetos y elementos – barro, lluvia, arena- – y la acción movimiento –el movimiento de la vida y de la naturaleza o la transformación–-. Estos elementos son para no reírse más, porque sin esos cinco elementos no hay creatividad. Estoy cansada de que todo el mundo crea que es el arte lo que el futuro está demandando, te lo dicen hasta en las últimas ciudades: “las ciudades son creativas e innovadoras”, hasta para reconocer el pasado y conservarlo hay que saberlo imaginar y saber cómo fusionarlo en el presente, con lo cual ¡la creatividad está por encima del arte, es más amplia!

Yo puedo ser creativa, por haber escuchado la máquina de coser de mi madre, que no era una artista –-hacía vestidos de novia–-, con ese sonido yo pude emparchar mi corazón. O sea que la creatividad te da lugar a la ciencia, al arte, a un montón de cosas, por supuesto que hay motivos de museos que hacen al arte, y por supuesto ciertos artistas siguen teniendo el método, aunque la creatividad no sabe cómo es el método. ¿Por qué no enseñan desde las universidades y en todos lados los métodos creativos? No más talleres donde te contactás y nada más. ¿Por qué no enseñan cómo son los métodos de selección y combinación proyectual para crear? ¿Cómo se crean los dispositivos? Qué son las instituciones, si no los dispositivos, esos espacios donde vibran los cuadros, los experimentos, las experiencias? Y donde el animador no explica nada, si no que es el chamán que te da los elementos para que vos hagás el ritual, el que te hace entrar en el rito de pasaje, llegar a un mundo dentro de otro mundo, entrar en una columna de espejos donde en cada espejo entrás a otro mundo, al otro espejo entrás a otro mundo: porque vos sos espejo, sos puente, sos camino, sos viaje, sos itinerario.

Eso es un museo, el museo es extra cotidiano, la gente se pierde en los museos, los niños aman los museos porque no se parece a la escuela ni a la casa, porque se pierden, porque van de sala en sala y porque no entienden nada de lo que hay en una o en otra sala. El visitante necesita un cambio del arte al arte de la vida, si quieren una democracia de ciudadanos se necesita que el ciudadano protagonice.

Nosotros tenemos una pieza maravillosa que te cuenta cuentos: la almohada para dormir la siesta, –¿vos vas a decir que eso es arte?- No, lo hicimos nosotros, los veinte que somos, nosotros somos veinte personas: uno es plomero, el otro es tal cosa, y el otro tal cosa, te hicimos cinco mil banderas que tenían los reclamos de los niños y revestimos la Casa de Gobierno de la Ciudad de Santa Fe, banderas celeste y blanca, con el medio en lentejuelas –-en lentejuelas bordadas–-, con los reclamos de los niños, y le dijimos al gobernador “Dejanos la casa de Gobierno”, y nos la dejó entera.

Esto no es competir, es decir no necesito contratar a ningún artista, me formo. Cuando hubo que llamar a los veinte que hicieron los ocho o nueve museos, –-tanto el Tríptico de la Infancia como el Tríptico de la Imaginación, que es una bauhaus, en donde se trabaja la materia en todas sus formas,-vos decías: Esta mujer hace vestidos de novia, me interesa por los rituales -–entrevistada y contratada- Este es plomero –-contratalo-, etc. Tan es así, que los directores de esos lugares, lugares centrales de la provincia de Santa Fe, que ganaron concursos ¿Saben quiénes son? Los directores de los talleres, uno es plomero, la otra es carpintera. No ganaron los concursos los intelectuales, no ganaron los cientistas de la educación, ni los filósofos, ganaron los que saben hacer juegos y saben hacer de un objeto y de un cuadro una relación única, saben hacer una tela que es un mar, y vos te tenés que subir por cañas y cañas hasta colgarle tus deseos y tus fuegos, y detrás de cada uno de esos fuegos que es tu tela, hay una mesita donde te enseñen a hacer poesía económica, poesía japonesa, poesía con dos palabras, poesía con tres, poemas surrealistas con los cielos, así solamente los cielos de los distintos poetas, de los distintos pintores y vos tenés que decir “enardecido rojo” –porque tenés muy pocas palabras para combinar–, tenían ojos fosforescentes, ojos quietos, ojos malos, ojos grises plomo, plomo, plomo… Eso lo hace un chico de cinco años alegremente sin saber escribir, porque vos tenés las palabras ahí y las combinás allí, y porque están esos cielos de los pintores, les ponés un Turner y ponés un Berni y ponés los cielos y los mares, y el poema surrealista nace.

Vamos a otro campo, el tiempo. El tiempo corre, el tiempo entre una habitación y la otra es otro tiempo, no va a pasar la contemplación. En Guadalajara vi una cosa interesante, tenían un mural de José Clemente Orozco en todo el techo, y contaba la historia de México, y vos tenés alfombras largas en toda una iglesia, y alfombras cruzando al otro lado, y ¿qué hace la gente? Se tira en la alfombra, se pasa horas mirando el techo, mientras viene un contingente con visitas guiadas que empieza a decirle “aquí fue la lucha de Benito Juárez con no sé quién”. Los pisan ¡al que está acá contemplando! Los pisan, los saltean y siguen: “Y acá Benito Juárez… la revolución mexicana”. … Viste, ¿vos no te das cuenta que esta persona que está en el suelo, tendido en la alfombra, estaba antes que vos? Y está en el suelo, el visitante que es el centro de la cultura democrática ¡está en el piso contemplando y vos lo estás pisando! Esa es la masificación que se parece al mercado, ese es el marketing, esa es la libretita que te llevás después, eso no tiene nada que ver con la percepción del arte, como dice Steiner: “Gastamos toda la tinta de este mundo desde Gutenberg , en analizar el arte en lugar de enseñarle a los niños más pequeños a percibirlo, a disfrutarlo, a llorarlo, a enamorarse”, a que te agarre un ataque al corazón viendo a Caravaggio… Gastamos tinta en explicar, gastamos toda la tinta en analizar, pero la razón no es el camino, cuéntale a tu corazón que no, que la razón no es el camino, no es el único camino, sí lo es en el método científico y en los museos científicos, que tienen otro camino, pero en el nuestro no.

En el campo del tiempo necesitás tiempo detenido, tiempo veloz, necesitás cambiar el ritmo del tiempo, esto se cambia con rituales, se cambia con distancias, se cambia con luces, se cambia con preguntas, si vos vas a un cuadro y decís, a un grupo: ¿qué es lo que no hay ahí?

Todos te miran como diciendo ¿cómo? Si todos me preguntan: ¿qué encontrás en el cuadro?, ¿qué te recuerda el cuadro de tu vida? Si vos preguntás: ¿Qué no hay ahí? Te dice un chico: un rinoceronte, ¡ah, no!, cierto, no hay un rinoceronte… y qué bueno sería: ¿Vos le pondrías ahí un rinoceronte? No, se lo introduciría a aquel cuadro de allá por tal cosa, ¡bien! Vamos a ver si al tal de allá, cómo le incluimos un rinoceronte… ¿Qué otra cosa no hay? Una mamá. El no es absolutamente proyectivo, el no hay. ¿Qué color no predomina? ¿Qué color no aparece? ¿Por qué el centro está vacío? ¿Quienes dejaron el centro vacío? ¿Quisiste alguna vez dejar el centro vacío? ¿Y hacer todo por los costados ? Cuando eras chiquito nunca hacías nada en el centro. Miren los dibujos de los primeros dos años, es todo así en los bordes, no en el centro, cuando eras chiquito eras igual. Yo ponía un Kandinsky y al lado un dibujo de mi hija de dos años para que viera… mirá, no tenés centro ni vos ni el… los dos son descentrados, por que claro, en el lenguaje popular no centro es descentrado, no equilibrio es desequilibrado, alterar el orden establecido es ser un alterado, con lo cual los tres íbamos a parar al loquero. Es Vigilar y castigar, de Foucault.

El campo del tiempo es el campo más maravilloso afuera o adentro, en el que se puede completamente oír el bullicio, el ruido, la calma, la contemplación, la nada, lo escrito, lo no escrito, las preguntas, no hagan que la gente interprete todo el tiempo, la gente debe sentir, la gente, el cuerpo humano, dicen los perceptuales alemanes -que son los que han llegado más lejos en la percepción y en el cine- dicen que el cuerpo tiene movimiento y tiene gesto, y tiene tono muscular, y tiene energía, y tiene peso, y tiene niveles –yo enseño todas esas cosas–, pero sobre todo tiene sensaciones. El niño es el único que recibió la lluvia en su cuerpo y supo, por la presencia de la lluvia, lo que era la lluvia… inmediatamente le dijeron: “entrá que te vas a resfriar”. Sabrá Dios por qué los que se mojan se resfrían, porque hay algunos que no se resfrían en lo más mínimo, pero la cultura ya te dice: “andá, andá, que te vas a resfriar”.

Después vienen las percepciones que es un recuerdo de la sensación mirá, doña Juana prendió la luz, debe estar por llegar Juan Ramón-, pero no está llegando Juan Ramón, en realidad por la sensación anterior de aquella luz en el camino, vos creés en una llegada que deseás, pero es la mezcla de deseo y recuerdo de la sensación.

Y tenés luego los afectos, tanto los desagradables como los agradables, y eso es lo que domina el mundo, vamos a pasar de una estética de derechos a una estética de la felicidad, señores, estamos hartos. ¿Qué tal el siglo XXI en la estética de la felicidad? No para que todos seamos felices, si no para que por algunos momentos decidamos que aun habiendo tanta deuda interna de derechos, sin embargo el hombre nació para encontrar la felicidad. Si perdemos de vista ese imaginario poético final, todo va a ser chato, todo va a repetir fórmulas y vamos a ser burócratas del sentido.

El cuerpo tiene la percepción, tiene los afectos, tiene los conceptos, no trabajamos para el concepto, la imaginación no es la sirvienta del concepto, no tenés un banquito en la cabeza que te dice«banco», no es así, las palabras y las cosas, muchachos, lean todo el siglo XX, lean Paul Ricoeur, la imaginación es la aurora del concepto, si vos no tenés una imagen figurada de la libertad no sabés ver lo que es la libertad, decís de memoria lo que te dijeron que era la libertad, y eso no es tener una imagen de la libertad ni concepto de ella.

Tenés conceptos y tenés imágenes. Los museos trabajan afuera y adentro –habría que tirar las paredes con el afuera y el adentro, igual que en las escuelas– tiene como objetivo figurar, como decía Anonin Artaud: ¿qué tenemos que hacer? Figurar los sentimientos, en lugar figurar el comportamiento humano. Este se baña, esta cose, este hace tal cosa, eso es siglo XIX, si ya lo quieren saber, el comportamiento es el eje del siglo XIX, el eje del siglo XX en realidad es figurar los sentimientos, es el desasosiego, es la falta de identidad, es la soledad, es la incomunicación, es la lejanía, es la pobreza, es la exclusión, es el abandono, es esa cosa terrible del ensimismamiento, todas esas temáticas deben tener figuraciones:, Hopper. Hopper te enloquece porque tiene esas figuraciones y todo el arte contemporáneo está por ese lado, no está figurando conceptos solamente, está figurando emociones y grandes emociones: vos estás más sola en Hopper porque tenés un rayo de luz artificial, porque estás desnuda, no te importa nadie, estás mirando por una ventana donde no hay nadie, porque es el día después de la bomba y el rayo de luz encima te ilumina más que la luz ambiente, te expone más, en realidad no te molesta, te deja más sola, te deja más desnuda, y te deja más desnuda para nada.

Los objetos y todo lo que sea, pueden dialogar con lo antiguo, con lo moderno, con el correlato, acá lo dijeron muchas veces, los objetos industriales, no industriales, las distintas muestras, todo eso también puede empezar desde el final de la vida de alguien al principio, puede romper el tiempo, puede hacer flashback. ¡Por el amor de dios, hay que romper el tiempo! ¡Crear lugares vacíos! Richard Weston, el gran fotógrafo, hizo una experiencia con tres habitaciones de cuerpos horribles, pero el cuerpo no es el problema, las fotografías estaban mal sacadas, mal encuadradas, y cuando iba por la tercera habitación, había una mujer en vivo, subida en una tarima, con el pelo cayendo a lo Rodin, blanca, era un cuerpo en vivo, y el fotógrafo puso un cartel que decía «¿tuviste que ver toda esa porquería para darte cuenta lo que era un cuerpo?».
Pina Bausch, maravillosa bailarina y coreógrafa, hizo entrar a su mejor bailarín, el bailarín top, y lo hizo poner aquí casi en el centro del espacio, con el mínimo de desequilibrio, y después entraron veinte mujeres e hicieron todo el baile. Al terminar le preguntaron: « ¿Ppero vos por qué negaste el mejor bailarín que tenés, por quée? Ella dice: «Pporque era un programa sumamente frontal y sumamente femenino y cómo acentúo si no tengo un hombre de espaldas y prohibiéndole todo el fondo del escenario, él está en un rol protagónico, está para negar, si yo no niego, no afirmo».
Nosotros los hacemos, les cuento un ejemplo, cuando hablamos de los miedos con el público, nosotros tenemos una oficina pública, ridícula, con muebles de metal, donde uno hace cola y te atiende una empleada pública dulcísima que te dice: “vas a dejar los miedos acá, porque vos no podés entrar en la muestra con miedos encima porque no te va a gustar, la muestra es sobre la felicidad”. Entonces vos empezás a escribir: tengo miedo a las arañas, tengo miedo a esto. “Dame acá tu miedo y lo ponemos en una caja”, pongo el nombre del chico ¡pack!, lo pongo en la caja y pongo la caja en el estante. ¡Todo archivado! Y entonces pasás a otro dispositivo que tiene un gran corazón remendado de pedazos de lata, de colores, de latas de todo tipo y una bañera al lado, y es un taller de soldadura donde tenés que soldar el corazón que ya a los cuatro años lo tenés roto, entonces uno le pregunta:
– ¿Vos tenés roto el corazón?
-Sí me lo rompí porque perdí mi perro, mi abuelo, porque ya no voy a la escuela todos los días.
– Bueno, muy bien, vamos a reparar el corazón. ¿Vos lo querés reparar con plomería?
Tenés esa opción, les damos corazones redondos de goma, pinchados, por supuesto, los sumergen en el agua a ver si están pinchados, y le vamos dando parches para emparchar su corazón, y del otro lado tenés toda una zona de costura, donde tenés corazones de todo tipo, donde reparás haciendo zurcidos, poniéndole parches, poniéndole flores arriba, y te llevás el corazón prendido y pegado. Entonces, cuando ya pasaste por el corazón vas a los colores, y entonces los colores, mirás los colores de la sociedad: los extintores en rojos, los guantes de los boxeadores eran rojos; las barbiesBarbies, toda la cultura rosa de las Barbies, toda la cultura entera, más el abanico, más los zapatos, más todo eso; verde era toda la dictadura militar, el auto, el falcon, tal cosa, y acá tenés un pantone de colores, entonces vos sacás un color verde, un color rojo, el que vos quieras y escribís tu recuerdo rojo, y lo ponés en grandes tiras y se llena de tiras de lo que es el rojo en tu vida. El rojo no es un objeto, el rojo es el parto, el rojo es la separación… Uustedes no saben lo que hemos visto, el rojo es que te persiguen en un Falcon, el rojo es tanta cosa… ¡Uhuy! El amarillo es tanta cosa y el marrón es tanta cosa y así sigue infinitamente. Te metés luego en una playa y en la playa te proyectan el mar y te tocan Berimbau y vos lo único que hacés es dormir en la playa mientras tus hijos crean mensajes y los ponen en la arena.
¿Es esto es arte? No, nosotros queremos que descansen, que lean, que escriban, hay que pasar del arte al arte de vivir, pasar de consumos culturales, al ciudadano como protagonista y pasar a los niños y jóvenes como el centro de la cultura en todos lados -–incluidos los museos- –, pero no para hacer cosas para niños y menos pueriles, porque el niño de menos de tres años no tiene paso entre realidad de emoción y símbolo: por ejemplo mi nieta, cuando tenía año y medio, tormenta de verano en su casa, el cuerpo se le encoge, hay un patiecito con una rama, se para y me dice:
-–Rama, es la rama.,
-–Sí, es una rama .
Y yo la llevo y juego con la rama porque mi padre me hacía lo mismo, juego para que se te pase el miedo. Otro día, a las cinco de la mañana ¡taca!, abren la puerta donde yo estoy en Buenos Aires y me dice: «nena, rama, miedo». E, entonces yo la llevo fuera y digo «¡vamos a jugar!»: ¿el miedo le tiene el miedo a la rama, o la rama le tiene miedo al miedo, o la nena y el miedo le tienen miedo a la rama, o la rama, la nena y el miedo le tienen miedo al miedo o? o la tormenta le tiene miedo? ––Siempre los griegos decían, cuando tenés un dilema salí a otro lugar, salí. Entonces, yo le pongo otro lugar:- ¡Ahha!, le tiene miedo a la tormenta, le tiene miedo a los osos rojos y le tienen miedo también los escarabajos saltamontes y le tienen miedo tal cosa y tal otra, muy bien… Pero otro día, a las cinco de la mañana, abrió la puerta y dijo «abuela» miró la rama y dijo «el miedo». Es decir, que pasó de la realidad –esto es una rama- – a lo imaginario emotivo –yo le tengo miedo a la rama–,- y a las cinco de la mañana le cambió el nombre a la rama, y ahora cada vez que ve la rama moviéndose tiene miedo, porque ha desplazado el miedo a las ramas, ha simbolizado.
No hay exposición que no tenga metáforas, son las metáforas las que hacen llorar a padres e hijos frente al color, frente a la playa, frente a su pasado, frente al tiempo, son las metáforas las que los hacen volar en una máquina de Da Vinci y ser padre e hijo compañeros de vuelo ¡al fin lo tengo pájaro! Yy vuelan, no hacen simulacro, vuelan.
Los niños no conocen la diferencia entre cuerpo y mente, un niño no sabe la diferencia entre objeto y sujeto, dado que siempre fue objeto de protección, de cuidado, de abandono, de corrupción, de abuso, de muerte, pero sujeto no. Ni lo escucharon, ni fue sujeto nunca, aunque creamos que algunos de nuestros hijos fueron sujetos. Y el niño no sabe diferencia entre forma y contenido, al niño le importa más la forma que el contenido y arrastra contenido, al niño le gusta el sonido de las palabras, la forma, le gusta que esto sea redondo y lo otro cuadrado y tal cosa, y no le gusta en geometría, le gusta el mundo con un montón de redondelitos: «sí,i fuimos al museo y fuimos a una sala que tenía un montón de redondelitos y después fuimos a ver un señor que hacía píicnic en no sé dónde, y decían que hacía así con la punta del pincel y después fuimos a uno que hacía todo cuadrados de colores y no tenía ninguna diagonal – Museo Thyssen- –, es maravilloso que eso pase, el niño no puede reconstruir una secuencia, el niño es eso.
Por último, lo político, lo poético es lo político, mientras la política no recobre –y su lugar es–- lo poético, quiere decir la sustitución y el desplazamiento –yo soy esa calle de barrio donde nací, yo soy el árbol donde mi abuelo me contaba los cuentos–-, mientras yo no pueda nombrarme como espacio, como tiempo, como objeto, como acción, no hay manera de hacerlo, porque el tema, el personaje, el argumento moderno, siempre nos va a ganar. Y si quieren un museo expandido, explotando hacia la ciudad, un museo que tenga redes y que tenga también tentáculos y que se abra a todo el mundo para empezar futuros cercanos:
1. Deroguen el sistema escolar íntegro, las universidades podrían cambiar para ser un sistema mucho mayor.
2. Consagren a la imaginación como la reina de esta época y formen a cada uno que tengan cerca en la creatividad de seleccionar y de combinarlo todo, y de recombinarlo todo. La imaginación es imagen de uno mismo, son los imaginarios sociales, son la imaginación que planifica, son la imaginación poética y, lo que es peor, son la imaginación que hacen pasar el pasado a relato, quiere decir que tenemos historia porque aparte de que hubo hechos y los investigamos, los relacionamos imaginariamente, con lo cual, la imaginación es la aurora de lo que vendrá.
3. El espacio público es bien común, es territorio, es patrimonio, es medio ambiente, norma legal, es escuela de democracia. Para algunos es lo único, “el uso total, absoluto e irrestricto del sentido para todos, no para que todos sean artistas sino para que ninguno sea esclavo”, ese es Gianni Rodari, tendríamos que dar un salto, pero un salto siempre vuelve a apoyarse en otra parte, en realidad, en este momento no perdemos nada, tendríamos que SER un salto, y este es un regalo, un poema de Roberto Juarroz.

Muchas y emocionadas gracias.

Chiqui González
Ministra de Innovación y Cultura
Gobierno de la Provincia de Santa Fe
Argentina
Con amor y respeto